Educación STEM, ¿Qué es y cómo impulsarla desde la empresa?

STEM

La tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para asimilarla. Basta con echar un vistazo a nuestro entorno para percatarnos de que, casi a diario, surgen nuevas herramientas digitales y metodologías que nos obliga a ponernos las pilas como profesionales.

Cada vez disponemos de mayores cantidades de datos y observamos atónitos cómo la inteligencia artificial toma decisiones en segundos. Y, mientras tanto, las empresas siguen intentando adaptarse sin perder el ritmo.

En medio de esta vorágine, la educación STEM se ha convertido en el motor que distingue a las organizaciones que avanzan de las que simplemente intentan seguir el paso y sobrevivir.

¿Quieres conocer qué se encuentra detrás de estas siglas? Desde la web RankingMBA te lo contamos.

Qué es la educación STEM y por qué es estratégica para las empresas?

Cuando hablamos de educación STEM nos referimos a un enfoque pedagógico que combina cuatro grandes áreas como son la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Y, ¿qué se consigue aunando estas disciplinas? Acelerar un aprendizaje experiencial y más significativo en los estudiantes.

Para ello, la educación STEM se apoya en la filosofía de aprender haciendo, es decir, resolver problemas reales y pensar de forma crítica, aplicando el conocimiento desde la práctica. Por tanto, experimentar, probar, analizar datos, trabajar en equipo y mezclar lo técnico con lo creativo son las bases de este método educativo.

Y, sí, quizá STEM es un método que se suele vincular a la formación superior o a puestos especializados. Sin embargo, el mercado ha demostrado que estas competencias también son decisivas dentro de las empresas a todos los niveles.

Qué significa STEM

Piensa que cada vez más organizaciones necesitan profesionales que entiendan cómo funcionan los procesos digitales, sepan interpretar datos, manejen herramientas tecnológicas y puedan adaptarse rápido para tomar decisiones con criterio.

Basta con echar un vistazo a las cifras para comprender la magnitud de esta realidad. Verás, de acuerdo a la Comisión Europea, a pesar de que los titulados en STEM aumentaron un 14,4 % entre 2015 y 2022, este crecimiento es insuficiente para cubrir la demanda real del mercado.

El déficit es especialmente acusado en las TIC. En 2022 había 9,8 millones de especialistas en la UE y solo se prevé alcanzar 12 millones en 2030, muy lejos del objetivo europeo de 20 millones marcado para la Década Digital.

Por este motivo, la educación STEM es hoy estratégica para las empresas. Gracias a ella cualquier organización está más cerca de cerrar esta brecha de talento, impulsar la innovación, mejorar la productividad y fortalecer la capacidad de adaptación en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo como el que impera en la actualidad.

E, inevitablemente, las organizaciones que apuestan por estas competencias fortalecen su posicionamiento externo, al mejorar su marca como empleador y atraer a profesionales cualificados que refuerzan la sostenibilidad del proyecto a medio y largo plazo.

Como ves, las empresas se benefician de este tipo de perfiles, pero también los propios profesionales que se han formado bajo su paraguas, quienes disfrutan de mayores oportunidades laborales y una empleabilidad más sólida. Y esto es así, sencillamente, porque sus competencias conectan directamente con las necesidades que tienen los negocios hoy en día.

Por qué STEM es estratégico para empresas

¿Cómo pueden las empresas impulsar la educación STEM?

Hablar de impulsar STEM en una empresa puede sonar a una tarea titánica, como si hiciera falta montar un laboratorio de última generación o contratar a un ejército de ingenieros.

Pero, siendo sinceros, la mayoría de avances empiezan mucho antes: en la forma en la que trabajamos, en las oportunidades que ofrecemos a los equipos y en la curiosidad que se respira en el día a día.

1. Ofrecer formación interna y reciclaje profesional

El primer paso es, simplemente, dar acceso a formación útil. Puede ser un taller práctico para entender datos, una sesión para aprender a usar una herramienta digital o un curso breve que ayude a automatizar esas tareas rutinarias y repetitivas que “secuestran” el tiempo del equipo.

A veces, un empleado que nunca se había planteado lo técnico acaba sorprendiéndose de lo que es capaz de hacer si alguien le muestra el camino y le acompaña.

2. Crear proyectos reales

STEM no se aprende mirando, se aprende probando. Las compañías que avanzan suelen dar margen para experimentar. Por ejemplo, mejorar un proceso que siempre ha sido complejo, revisar por qué un servicio funciona peor en ciertas horas o crear un pequeño prototipo.

Nada sofisticado. Solo espacio para intentar cosas porque, precisamente, muchas ideas potentes nacen de ahí, de una puerta abierta a la prueba y el error sin miedo a equivocarse.

3. Tender puentes con universidades y Escuelas de Negocios

Las colaboraciones externas son oro. No solo por atraer talento, sino porque aportan aire fresco en la empresa. Un estudiante que llega de prácticas puede plantear preguntas que nadie se había atrevido a cuestionar o exponer enfoques que no se habían tenido en cuenta. Y eso mueve engranajes que llevaban tiempo atascados. Invitarlos a participar en proyectos, abrir puertas y dejarles aportar puede ser realmente fructífero.

4. Fomentar una cultura que permita pensar

El pensamiento crítico no se impone, se contagia. Y es más fácil que ocurra en entornos donde cuestionar un proceso no se interpreta como poner “palos en las ruedas”, sino como una forma de mejorarlo.

Las empresas que abrazan STEM suelen crear momentos para reflexionar e innovar. Por ejemplo, pequeñas reuniones para analizar errores, espacios donde proponer ideas frescas o metodologías que obligan a hacer preguntas incómodas (pero necesarias).

5. Apostar por perfiles híbridos

Cada vez se buscan más este tipo de perfiles profesionales que hablan dos idiomas, el de la tecnología y el del negocio. Personas que son capaces de entender un dashboard y también lo que pasa en la cuenta de resultados. Que pueden leer un dato y explicarle a un equipo por qué importa.

A veces nacen desde perfiles técnicos que desarrollan una visión global o saben determinar cuáles son los objetivos estratégicos de una empresa. Otras, desde directivos que pierden el miedo a la parte digital. Aquí, programas como los MBA son clave para unir esas dos piezas que antes vivían separadas.

El papel de los MBA en la formación de perfiles STEM

Si nos fijamos, las empresas llevan años reclamando estos perfiles híbridos. Personas capaces de moverse con soltura entre datos, tecnología y estrategia. Profesionales que entiendan un modelo de negocio y, a su vez, sepan interpretar un informe técnico sin perderse por el camino.

Y ahí es donde los MBA que se fundamentan en metodologías didácticas prácticas y actualizadas están jugando un papel decisivo.

Durante mucho tiempo, los programas directivos se han centrado casi exclusivamente en gestión, finanzas y liderazgo. Pero el mercado ha cambiado tanto y tan rápido que hoy un MBA que no incorpore competencias digitales, análisis de datos, innovación o visión tecnológica se queda corto.

Lo interesante es que este tipo de formación sirve para los dos lados de la ecuación.

  • Para los perfiles STEM que quieren dar el salto a puestos estratégicos: es el caso, de un ingeniero que domina procesos, una analista que lleva años manejando datos o un profesional de gestión de Tecnología de la Información (TI) que conoce la empresa desde dentro. Ellos son claros ejemplos de perfiles que quieren avanzar, pero se encuentran con un techo invisible. Y es que no han desarrollado del todo la visión global del negocio, algo que un MBA les ofrece.
  • Para perfiles más estratégicos y de liderazgo que necesitan ponerse al día en lo digital: hablamos, por ejemplo, de directivos, responsables de área o mandos intermedios que están viendo cómo la tecnología se cuela en cada decisión que toman. Un MBA actualizado les ayuda a entender de verdad qué hay detrás de conceptos como automatización, IA aplicada, analítica o innovación, sin necesidad de convertirse en técnicos. Lo indispensable para hablar de igual a igual con sus equipos y tomar decisiones informadas.

El resultado es un tipo de profesional difícil de encontrar que es capaz de traducir tecnología en estrategia y en acciones concretas.

En este sentido, los MBA en España se han convertido en una de las vías más efectivas para cerrar esa brecha. Podríamos decir que son, en cierto modo, el puente entre lo técnico y lo directivo; entre el conocimiento profundo y la visión global que exige liderar en un entorno digital como el que nos rodea.